Antes, eran en su mayoría adolescentes quienes empacaban en los supermercados, conocidos como “cerillos” en México. Hoy, los empacadores voluntarios son principalmente de la tercera edad

Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en el 2010 había 215 mil 854 adultos mayores de 60 años. En el 2015 la población aumentó a 280, mil 637, siendo 130 mil 426 hombres y 150 mil 211 mujeres. La mayoría no cuenta con una pensión, o dependen de sus familiares, otros, siguen trabajando.

Si quieres leer más datos de como viven los adultos mayores entra aquí.

La periodista Lucía Treviño entrevistó a 10 personas de la tercera edad que trabajan como empacadores voluntarios en un supermercado de la ciudad de Mexicali, para comprender como ellos perciben su propia situación.

Recogemos 5 testimonios de empacadores voluntarios para entender lo que viven día a día y como se sienten:

1. Roberto Bernal 

Empacador voluntario. 79 años. Originario de San Javier, Sinaloa.

Roberto Bernal. Foto: Lucía Treviño
“Pues vienen las enfermedades a cierta edad, llevo dos infartos”: Roberto Bernal. Foto: Lucía Treviño

¿Cuándo llegó a Mexicali?
El 17 de noviembre de 1949.

¿En qué ha trabajado?
Trabajé en un hotel, en hoteles, pues, luego me fui a la Secretaría de Recursos Hidráulicos… también estuve como seguridad.

¿Cómo es el ambiente de trabajo empacando?
Pues ahí vamos, somos varios compañeros, de 65-60 años. Ahorita, yo soy el mayor de los tres que empacamos en la mañana. Y bueno, está bien… portarse bien con el cliente, ‘buenos días, cómo está’, y así, porque en muchas partes no te dejan saludar al cliente ni platicar con él. Están tiesos nomás empacando ahí y pues aquí no, aquí estamos.

¿Cómo se enteró de este trabajo?
Porque vine de compras al mercado y me dijeron ‘vengase a empacar Don Rober’, yo estaba trabajando en la seguridad, salí muy mal con el mero fregón de la empresa de seguridad porque no pagaba, estaba dando abonos y yo no quería, nadie quiere abonos, ‘el lunes te pago, decía’… llegaba con 300 pesos, y ya no me pagaba el resto, así que me fui, me salí.

Fue cuando me dijeron ellos mismos, el gerente de esta compañía me dijo ‘véngase a empacar, son cuatro horas diarias’, ta bueno le dije y ya me vine. Sale 150 o 170, o los doscientos al día, pero sí sale.

¿Cómo se siente usted en esta etapa de su vida?
Pues vienen las enfermedades a cierta edad, llevo dos infartos. Descansé uno, en el primero que fue hace cuatro años y me pegó este otro hace como un mes. Pero de salud estoy bien ahorita.

¿Está casado?
Viudo, fui casado 48 años, nomás que se me fue mi esposa, no alcanzamos a hacer las bodas de oro y ahora yo sigo solo. ¿Tiene hijos? Sí, ocho.

¿Cómo ve el presente, el entorno, la actualidad?
Lo he visto que está mal. Muy mal. Mucha inseguridad. No puede uno andar a gusto. Yo no salgo al centro, hay mucha gente que viene de otra parte, llámese salvadoreños, llámese puertorriqueños, no como antes, antes no había… podías andar toda la noche, no te asaltaban.

¿Tiene planes para el futuro?
¡No pues cuáles! Ya mero me voy, ya llevo un segundo infarto, ahorita no pienso ni en el infarto ni en nada, yo salgo a mi trabajo me meto para adentro a mi casa por el calorón que no deja salir a gusto y ahí estoy muy a gusto en el aparato [de aire acondicionado].

2. Javier Castellanos

Empacador voluntario. 74 años. Originario de la Barca, Jalisco.

Javier Castellanos. Foto: Lucía Treviño
Yo me siento como de 15. Tengo una salud envidiable”: Javier Castellanos. Foto: Lucía Treviño

¿Por qué llegó a Mexicali?
Caí en 1966, nada más que tuve un problema con un antibiótico que me dieron en el Seguro Social, quedé intoxicado de la sangre con cortisona hasta que fui a parar a México.

Me mandaron al Centro Médico Nacional, duré un año, me dieron tratamiento y me hicieron exámenes para ver todo lo que traía. Al año me dieron de baja porque ya no soportaba el esmog de allá, sentía que me asfixiaba.

¿En qué ha trabajado a lo largo de su vida?
Cuando me envenenaron con un medicamento y me recomendaron que me fuera a vivir a la Huasteca Potosina, en donde desemboca el río. Y me fui para allá para recuperarme, me fui de 26 años y trabajé en recursos hidráulicos, duré 15 años trabajando ahí y ya me compuse.

Tuve una granja de ganado de engorda en Tamaulipas, cuando entró Miguel de la Madrid perdí toda mi fortuna, lo que tenía yo de las granjas, perdí todo, un millón de pesos, entonces me vine para acá, aquí estaban mis hijos. Cuando me vine para acá, pusimos un negocio de comida con mi señora y pasó lo que pasó.

¿Qué pasó?
Se metió un irresponsable al negocio con todo y carro a alta velocidad, y mi señora murió y yo quedé dañado de esta pierna. A un hijo lo operaron de la vértebra de su columna. Y esa es la historia de mi vida. Trabajos y penurias.

¿Cuánto tiempo tiene trabajando aquí?
Tengo aquí cinco años.

¿Cómo supo de este trabajo?
Cuando yo tenía mi negocio de comida, yo conocí el mercado, conocí a muchos empleados que me volvieron a reconocer. Se acordaron de mi nombre, me preguntaron por mi esposa Linda, y les dije que estaba allá arriba. Lo que más me incomoda es que las autoridades me pusieron como responsable a mí por culpa de un policía municipal, voy a indagar, porque se me van a pagar todos los daños, quisiera que hubiera alguien que me apoyara porque yo me quedé sin dinero, y no puedo recuperar nada, al otro ya lo dejaron libre y anda trabajando llevando mercancías pa’ Tijuana.

¿Tiene hijos?
Tengo cuatro, tres hombres y una mujer. El más chico vive aquí cerca, los otros ni en cuenta me toman.

¿Nietos?
Nueve y cinco bisnietos.

¿Qué le parece este trabajo?
Para mí está bien porque puedo trabajar, nadie me da trabajo por la edad que tengo, nadie me da trabajo. A veces hay problemas con los compañeros, donde quiera hay envidias. Cuando se ensañan conmigo sí me defiendo, yo no me dejo que me echen babas, no me gusta que me incomoden y yo tampoco incomodarlos.

¿Cómo se siente usted a esta edad?
Yo me siento como de 15. Tengo una salud envidiable. Fui al Centro de Salud de la Flores Magón a sacar un certificado médico y me dijo la doctora que tenía una condición envidiable, que no tenía diabetes, que no tenía colesterol ni triglicéridos. Se dio cuenta de mi pierna lesionada pero me dijo que me movía con mucha capacidad. Qué le pasó a su pierna, me preguntó. Me pasó una camioneta por encima, le contesté.

¿A lo largo de su vida cómo se ha sentido?
Mi vida fue muy calmada, yo fui chofer de autobuses, renuncié y me fui a Tamaulipas con una pipa. Tuve una vida de comodidades, cuando tuve allá lo de las granjas y después con los recursos hidráulicos, al rato me enseñé a manejar un autobús. Yo conocí a mi esposa en mi tierra natal.

3. Jesús Ernesto Arellano

Empacador voluntario.  73 años. Nacido en Culiacán pero criado en Mazatlán, Sinaloa.

Jesús Ernesto. Foto: Lucía Treviño
“De taxista ya no pude trabajar porque ya a éstas edades no le dejan trabajar a uno”: Jesús Ernesto. Foto: Lucía Treviño

¿Cuánto tiempo tiene viviendo en Mexicali?
30 años.

¿En qué ha trabajado?
Uhh en muchas cosas. De guardia de seguridad, de taxista, en el comercio y ahorita ya no le dan trabajo a uno en ninguna parte, entonces se mete de paquetero porque le hace falta dinero, no tiene uno quién lo mantenga.

¿Y trabajando aquí?
Voy a cumplir dos años.

¿Cómo se enteró de este trabajo?
Vine y nomás pedí trabajo, a ver si había trabajo aquí, me dijeron lo que necesitaba traer y ya lo traje. La carta INSEN [anterior nombre del Inapam], el certificado médico, acta de nacimiento y comprobante de la edad. Que el Seguro certifique que está uno bien, apto para trabajar, sino le dan a uno el papel no puede trabajar, tienes que estar en perfectas condiciones; lo único que tiene uno es la necesidad de poder agarrar unos centavitos pues porque en dónde…

¿Qué tal le parece el trabajo en general?
Pues los turnos aquí son muy… nos rolan pero no a todos… gana uno para sostenerse, por ejemplo yo ahorita saqué 150 pesos pero es lo que le voy a echar al carro de gasolina, como no hay un camión para acá. Ese carro me lo regaló una hijastra para que yo trabajara, para que viniera, porque si no tengo que bajarme en la calle novena y venirme caminando hasta acá, o venirme por el Periférico a pie. Nomás que gasto mucha gasolina. Pues así nos la llevamos apenas. Hay turnos un poquito más solventes.

¿Cómo se enteró de este trabajo?
Entre los señores que ya estamos viejos anda uno buscando trabajo. De taxista ya no pude trabajar porque ya a éstas edades no le dejan trabajar a uno. En el comercio tampoco puede trabajar porque luego el Gobierno se aprovecha de uno, por ejemplo ahorita las placas del carro y eso, tiene uno que soltar un ferión, para poder arreglar sus papeles, ya no le aceptan a uno el INSEN. Como yo ya esa camioneta la voy a dejar porque ya no puedo mantenerla, ya no me alcanza, pero por lo regular me siento muy a gusto. No puedo trabajar en el sol porque me hace daño, me enfermo. Trabajé en el mercado Ley de la calle Independencia pero había unas personas bien difíciles y mucha envidia, lo calumnian, mejor me retiré, me fui a la otra Ley y no había trabajo, en la Mega ya estaban completos y así anduve hasta que llegué aquí.

¿Este dinero usted lo necesita?
Sí, mucho, es más, necesito más. Tengo una madre que le mando cada semana 500 pesos.

¿Allá en Mazatlán?
Allá en Mazatlán. Tiene noventa y tantos años. Y los hermanos míos apenas viven, apenas sacan para los chamacos, tienen un montón de chamacos. Por eso tengo que trabajar aquí, sino trabajaría buscaría otra manera… pero el caso es que tengo que mandarle.

¿Cómo se siente en esta etapa de su vida?

¿A qué se refiere?

¿Cómo se siente física y espiritualmente?
Yo me siento muy bien, tranquilo, si saco poquito pues poquito, con eso me hago. Si saco más pues más. Pero ahorita la gente ya no quiere dar. Le dicen a uno ‘pagué con tarjeta, se la debo, fíjese que no traigo monedas’, aunque traigan y el que está con disposición, y valora lo que estamos haciendo, que es empacarle bien su mandado, dice ‘voy a pagar con tarjeta pero me das diez pesos o cinco’, y te dan.

 ¿Está casado?

¿Tiene hijos?
Hijastros. Pero mi esposa y yo nomás vivimos juntos, pero como son hijastros no les interesa mucho a ellos si tienen o no tienen.

¿Qué piensa del presente, del alrededor?
Ahorita está muy mal la situación porque hay mucha delincuencia. Si uno se descuida poquito le quitan el dinero. Ya está uno viejo y no puede hacer nada, se le arriman dos o tres y a darle lo que trae.

¿Qué sería algo que le guste hacer y que disfrute?
Lo que disfruto es salir de aquí hacia mi casa a descansar y en la tarde salir a caminar. Con mi señora nos vamos a caminar, una hora o 45 minutos, llegamos, tomamos algo ligerito y a dormir. Vivo tranquilo, mientras tenga la chanza de ganar esto voy a vivir tranquilo, pero me las voy a ver duras cuando no pueda trabajar aquí.

4. Elena María Aguirre Morales

Empacadora voluntaria. 70 años. Originaria de La Habana, Cuba.

Elena María Aguirre. Foto: Lucía Treviño
“Estudié Derecho Laboral en la Habana. Fui especialista en Recursos Humanos, fui operadora del Internacional”: Elena María Aguirre. Foto: Lucía Treviño

¿Cómo llegó a Mexicali?
A Mexicali he venido ya siete veces con mi hija, he estado siete meses y luego me voy para Cuba, allá estoy otros siete meses y regreso. Tengo aquí dos nietos, mi hija y mi yerno.

¿En qué ha trabajado a lo largo de su vida?
Estudié Derecho Laboral en la Habana. Fui especialista en Recursos Humanos, fui operadora del Internacional, que era el servicio de teléfonos cuando mi juventud. Después me gradué de derecho y me fui a Recursos Humanos. Trabajé en turismo, mucho tiempo en el turismo. Seleccionando y haciendo diagnóstico de necesidades de capacitación. Específicamente trabajaba en una compañía en Cuba que se llama Cubanacan, atendía hoteles y tiendas. Yo tenía que ver con las cajeras, los dependientes, y el desempeño de ellos, yo sé cómo es, cuando hay uno que no trabaja bien yo sí sé cuál es.

¿Cómo se enteró de este trabajo?
Yo no sabía de Inapam [Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores], yo camino todas las mañanas con una amiga mexicana, hacemos ejercicio como una hora, en un parque aquí en Santo Domingo, entonces mi amiga que es muy activa, muy agradable, me dice, “¿por qué tú no trabajas cubana?”, y le digo, “¿dónde voy a trabajar?”, “pues vaya a Inapam”, “¿y eso qué es?”, “es un programa del gobierno para las personas o adultos mayores”.

Después se lo comenté a una bella persona aquí [en el mercado] y ella me dijo que fuera al Inapam con todos los requisitos que tenía que cumplir. Se lo comenté a mi hija, y fuimos al Inapam al Centro Cívico y al otro día comencé a trabajar. Fui al médico y me dijo que estaba muy bien.

¿Entonces cuánto tiempo ha trabajado aquí?
El año pasado trabajé cinco meses y ahora recién que vine para acá empecé a la semana aquí. Reactivé mi revisión con el doctor y comencé.

¿Cómo se transporta a este lugar para trabajar?
Mi hija me trae y después me recoge por la tarde.

¿Cómo se ha sentido usted?
Bien, muy bien. En realidad todo me gusta. No me canso. Me preparo por la mañana, hago ejercicio, camino para estar fuerte del cuerpo y de la mente. Almorzamos, como decimos en Cuba, y luego me tomo un yogur o una fruta y hasta las siete de la tarde. Es una técnica, hay que saber.

¿Algo más que quisiera decir sobre las personas que trabajan o no trabajan?
Que este programa es muy bueno, muy interesante. Hay personas que se quedan en la casa y pasa el tiempo y no hacen nada, se ponen a pensar, hay quienes no tienen las condiciones para venir, pero hay que aprovechar cuando el cuerpo es útil porque ya vendrá otro tiempo en el que ya uno no puede salir, así que ese tiempo hay que aprovecharlo.

¿Qué diferencias ha encontrado entre ambos países?
Bueno, hay diferencias como todo, Cuba es un país muy culto, en Cuba hay muchas posibilidades y facilidades para que estudien principalmente los jóvenes entonces son las características del lugar. Pero aquí Mexicali es muy agradable, muy acogedor, las personas muy educadas también.

5. Rodrigo Rangel Reyes

Empacador voluntario. 73 años. Originario de Chontla, Veracruz.

Rodrigo Rangel. Foto: Lucía Treviño
“Estuve en la carnicería, antes de eso vendí tacos, antes de los tacos vendía hot dogs, antes de los hot dogs estuve en la Central de Abastos en la Ciudad de México”: Rodrigo Rangel. Foto: Lucía Treviño

Así, como estas historias, hay miles de empacadores voluntarios en todo el país. En Mango Life es muy importante hablar de temas que son relevantes para todos para crear consiencia sobre lo importante que es ahorrar para el retiro, porque al final del día, quien es el único responsable de vivir la vida como se merece es uno mismo.

Agradecemos a Lucía Treviño por permitirnos compartir estas historias.

Lucía Treviño es una escritora y editora de la ciudad de México. Actualmente coordinadora editorial con experiencia en redacción y enseñanza de literatura. Ciclista en sus tiempos libres, disfruta compartir historias de nuestro país que sacudan al lector.

En Mango Life ofrecemos una opción para que asegures recibir en tu vejez el monto que tú contrates, descubre cuanto podría ser y cuanto tendrías que aportar acorde a tu edad.

Puedes cotizar tu Seguro de Retiro aquí 

Vive el retiro que realmente mereces Calcular mi retiro